Refugio natural, La Liébana acoge a los primitivos pobladores, los cántabros, que se niegan a someterse a Roma.
Ahí comienza una historia larga en acontecimientos y hechos trascendentes.
A salvo de las incursiones árabes tras la invasión de la Península Ibérica en el siglo VIII, la repoblación del territorio es rápida y en ello juegan un importante papel las ordenes monásticas que a lo largo de la Alta Edad Media hayan reposo y modo de vida a lo largo y ancho de la comarca.
Las luchas feudales entre las casas de los Mendozas y los Manriques se saldarán, a mediados del siglo XV, cuando Diego Hurtado de Mendoza, hijo del Marqués de Santillana, recibe de los Reyes Católicos el título de duque del Infantado. El dominio del gran Ducado, pese a la continuada resistencia de los lebaniegos, se prolongó hasta el siglo XIX.
Liébana es una comarca donde las tradiciones y costumbres se han mantenido presentes entre sus habitantes. En las largas noches de invierno, cuando la nieve cubría los campos y las aldeas, la familia se reunía en la cocina en torno al fuego. Era el momento para que los más ancianos, que habían recogido la tradición de sus mayores, enseñasen al resto de la familia su particular legado que incluía los mitos, leyendas, cuentos y romances, que así, oralmente, trasmitían a las nuevas generaciones.
Cuando un cura del pueblo cantaba su primer misa el acontecimiento religioso no pasaba desapercibido. Con el fin de acompañar al nuevo "misacantano" hasta la iglesia las jóvenes del pueblo cantaban canciones y portaban un arco engalanado con flores y cintas, bajo el cual iba el nuevo cura. Igualmente, la llegada del obispo hasta las parroquias era un gran motivo de satisfacción para los vecinos.
Cuando se hacen las maletas se debe tener un espíritu abierto a todas las sorpresas, a no fatigarse, a no ser caprichosos, a comer bien y a beber mejor.
Francisco Nieva escritor español ver másDesde Cantabriaroom intentamos proponerte siempre los mejores planes para... [ampliar]
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